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    Perú y sus maravillas del mundo

    La tierra de los mil colores, olores, sabores, tactos y sonidos. Perú es el país de los cinco sentidos y alberga algunas de las maravillas del mundo moderno que te dejan con la boca abierta. Territorio de incas, tradiciones, indígenas, cultura ancestral, misterios y colonizadores. Sin duda, Perú enamora a la vista, al estómago y ¡al corazón!

     

    Visitamos Perú en nuestra vuelta al mundo, era uno de los destinos imperdibles de nuestra ruta por Sudamérica. Llegamos a Lima, la capital del país, en avión desde Santiago de Chile. Habíamos oído y leído maravillas del antiguo país de los incas, de vasta extensión y orografía extrema. Los más de 1.2M de Km2 de su geografía combinan altísimos picos con glaciares con enormes desiertos en la costa y una densa selva amazónica.  

     

    Llegamos a la capital del país con prudencia, ya que habíamos escuchado que el nivel de crimen en Lima era alto. Cogimos un taxi con una de las compañías que tenía oficina en el aeropuerto mismo, dirección Miraflores. Nos hospedamos allí una noche, para descansar, y empezar ruta por el país a la mañana siguiente.

     

    De camino a cumplir un sueño: ¡ver el Machu Picchu!

     

    Después de una noche reparadora, nos subimos a un autobús dirección Cuzco, la ciudad principal más cercana a Machu Picchu, donde hicimos base. Apostamos por un autobús low cost donde el ambiente era súper auténtico y el idioma que se escuchaba era el Quechua. 21 horas después, no muy frescos pero sí muy emocionados, llegamos a nuestro destino. Por Sudamérica, lo más habitual es desplazarse en avión debido a las grandes distancias. Pero si tienes un budget limitado y quieres hacerlo en modo low cost, como nosotros, una muy buena opción es moverte en autobús. Hay países en los que es especialmente fácil y cómodo, y Perú es uno de ellos.

     

    Cuzco fue la capital del imperio Inca y está a 4000m de altura. Para nosotros, la experiencia de la llegada fue espectacular aunque muy muy fría, ¡la diferencia de temperatura nos dejó tiesos! Los habitantes de Cuzco son los míticos peruanos auténticos y nos enamoró en especial la ropa que llevan: colorida y con tejidos espectaculares. Nos sentamos en la Plaza de Armas y nos quedamos asombrados observando un Perú mucho más tradicional que enseguida nos envolvió y nos maravilló. Comimos en el mítico mercado de San Pedro, con un ambiente espectacular: auténtica cultura andina, comida deliciosa a precio local… ¡Nos encantó!

     

    Desde ahí organizamos nuestra visita al imperdible Machu Picchu, patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, haciendo una ruta espectacular a través del Valle Sagrado, Hidroeléctrica y Aguas Calientes. El primer tramo del itinerario fue con un bus pequeño. El Valle Sagrado, a unos 15 km de Cusco, tiene unas vistas impactantes de antiguos pueblos incas y extensos cultivos en terrazas conocidos como andenes.  

     

    Desde Hidroeléctrica, seguimos nuestra larga ruta a pie, al lado de las vías de tren del Perú Rail. Así llegamos a Aguas Calientes, lo que llaman Machu Picchu pueblo, lugar donde hicimos noche. Al día siguiente nos levantamos a las 4 de la mañana muy emocionados para, por fin, ascender a una de las grandes maravillas del mundo. La subida es segura y no es muy larga (unas dos horas), pero está llena de escalones. Pusimos nuestros glúteos a trabajar a tope y ¡lo conseguimos! 

     

    La llegada a Machu Picchu fue muy rewarding después del esfuerzo físico. Esta maravilla del mundo moderno nos dejó sin aliento desde el primer momento. Decidimos visitarlo con guía, después de la larga ruta no queríamos perdernos ni un solo detalle. El lugar es, simplemente, espectacular. Tiene una de las vistas más únicas y bonitas que hemos visto del mundo. Experimentamos esa sensación de estar, por fin, en uno de esos lugares que tanto habíamos soñado ver. Nos quedamos atrapados pensando cómo los incas habrían podido construir una ciudad como esa en una cima prácticamente inaccesible a 2.450 metros de altitud. Una auténtica obra de ingeniería edificada sin conocer la rueda, sin herramientas de hierro, solo con mazas de piedra, rodillos de madera y cuerdas. Realmente asombroso.

     

    Las islas flotantes

     

    Después de la gran experiencia, hicimos el descenso hasta llegar a Cuzco, donde nos quedamos de nuevo a recuperar fuerzas. Puno, al sur del país, fue nuestro siguiente destino. Nos instalamos en la Avenida Titicaca, muy cercana a la Plaza de Armas y del mercado central. Por la tarde nos acercamos al lago Titicaca, queríamos verlo de cerca y planificar nuestra próxima visita a las Islas Uros, en medio del inmenso lago. 

     

    Partimos en dirección a Uros al día siguiente y en el ferry local conocimos a una mujer vestida muy tradicional, como muy auténtica, con la que entablamos conversación. Resultó ser una de las gobernantas de las islas. Nos explicó que la relación con Perú, o como ellos lo llaman “tierra firme”, no es buena ya que llevan muchos años explotando turísticamente esas islas, pero a ellos no les quieren pagar. Nos contó que lo único que piden son 5 soles (1,15€). Lo que han hecho las agencias turísticas para evitar el conflicto ha sido crear unas islas “fake”, imitando a las auténticas, para llevar ahí el turismo y no pagar a sus habitantes. Te recomendamos que antes de hacer ninguna excursión te asegures bien de que vas a una isla verdadera.

     

    Uros fue una experiencia única. Son unas islas artificiales creadas por sus habitantes con un material denominado totora, una planta acuática que crece en la superficie del lago Titicaca (para entendernos, sería tipo paja). En total hay unas 80 islas y duran una media de 25 años, pero exigen un mantenimiento muy alto. Cada semana tienen que ir renovándolas y arreglándolas, hecho que comporta mucho trabajo. Los hombres de las Uros pescan y las mujeres cocinan y cuidan a los niños. 

     

    A la vuelta paseamos por las tiendas de Puno y, como se acercaba el cumple de Mireia, compramos una capa de alpaca espectacular, una de esas piezas especiales que duran de por vida por su calidad pero también por el recuerdo que traen.

     

    Arequipa y uno de los cañones más profundos del mundo

     

    Después nos dirigimos a Arequipa, al oeste de Perú, conocida como la ciudad blanca. Nos gustó especialmente la Plaza de Armas (sí, todas las ciudades del país tienen una plaza de armas), toda blanca, incluida la catedral. Estudiamos con detenimiento las posibilidades para ir a ver el Cañón del Colca, el principal atractivo de la zona. Nos deleitamos con la comida del mercado local, deliciosos platos caseros a muy buen precio (alrededor de los 6 soles). La verdad es que los mercados locales nunca fallan para comer de verdad y a precio local. Por la tarde paseamos por el Convento de Santa Catalina y, al caer el sol, ¡pisco sour para el cuerpo! Nos estábamos acostumbrando a la buena vida, sí, y nos encantaba. Hay países en los que puedes darte algún capricho y, sin duda, Perú es uno de ellos.

     

    Al día siguiente tocaba madrugón, a las 2 am nos sonó el despertador. Esa mezcla de pereza y adrenalina cuando te despiertas tan temprano es parte inherente de los viajes. Nos esperaba una larga ruta por delante hasta Chivay, en pleno valle del Colca. El Cañón tiene más de 4.000 metros, siendo uno de los más profundos del mundo (tiene el doble de profundidad que el Gran Cañón del Colorado en EEUU). Hicimos la ruta en un bus pequeño y nos encantó la experiencia. Las vistas son espectaculares, paramos en varios pueblos de la zona y vimos cóndores sobrevolando el cielo, que se pueden apreciar especialmente desde un mirador. La ruta de vuelta es igualmente única, con paisajes de volcanes, vicuñas y alpacas.

     

    Las enigmáticas Líneas de Nazca

     

    La próxima parada fue las Líneas de Nazca, en pleno desierto en el centro-sur de Perú. Nuestra primera experiencia fue una recta espectacular en la que no vimos que sobresaliera nada, pero cuando fuimos al mirador y observamos las líneas en el desierto desde lo alto, alucinamos. Apunte: otra genial manera de verlas es con avioneta.

     

    Los diseños de las Líneas de Nazca fueron delineados como canales o zanjas en la arena del desierto, es decir, como grabados de bajo relieve. Las condiciones áridas del terreno han permitido su conservación hasta hoy en día. Estos dibujos en el desierto fueron desconocidos durante siglos, hasta que el inicio de la aviación descubrió estas enigmáticas formas. Fueron creados por la civilización Nazca entre 500 a.C. y 500 d.C. y aún hoy en día siguen intrigando a la comunidad científica, que no tiene clara su finalidad específica y el significado de muchos de sus geoglifos. 

     

    Fin de ruta en un oasis

     

    Nuestro próximo destino fue Ica, al norte de Nazca, un pueblo con poco interés a nuestro parecer, del que destacamos la calle Bolívar y, como no, la Plaza de Armas. Ica es un buen punto previo para ir al oasis de Huacachina, al que llegamos en tuktuk recorriendo una distancia de 5 km. Huacachina es un espectacular pueblo construido alrededor de un pequeño oasis, en medio de las dunas de arena del desierto. De hecho, es el mayor oasis de América.

     

    Siguiendo la ruta hacia el centro del país, nos detuvimos en Paracas, un pueblo costero desde donde se accede a las islas Ballestas. Estas islas son una reserva marina que alberga pingüinos (sí, no solo hay pingüinos en la Antártida), delfines y lobos marinos. Paseamos por la espectacular playa de Paracas y el pueblo.

     

    Y de allí volvimos a Lima, con el foco puesto en disfrutar a tope de la gastronomía peruana y poner la guinda del pastel en el país celebrando el cumpleaños de Mireia con el mejor ceviche en el restaurante Rafael.

     

     

    Perú musts

     

    • Gastronomía: Uno de los puntos más destacables del país que va desde la cocina tradicional en mercados locales de lugares como Cuzco o Arequipa al paraíso gastronómico de Lima con el ceviche y el pisco sour como grandes protagonistas.
    • Maleta todoterreno: Llevar ropa tanto de verano como de invierno ya que las temperaturas cambian mucho de un lugar a otro. 
    • Paciencia: Para los trayectos que son largos y lentos, además no siempre van en hora.

     

    Perú en 5 sentidos

     

    • Vista: Los colorines de la ropa tradicional peruana.
    • Olor: A montaña cuando estás en Machu Picchu.
    • Sabor: Ceviche limeño acompañado de pisco sour.
    • Tacto: La suavidad de la lana de Alpaca.
    • Oído: “Asu mare”, “qué palta” “estar misio” son algunas de las expresiones que se escuchan todo el día.

     

    Perú essentials

     

    • País: Perú.
    • Idioma: Español.
    • Moneda: Sol.
    • Cuándo ir: Desde Marzo hasta Noviembre estaciones secas, desde Diciembre a Febrero estación de lluvias.
    • A tener en cuenta: El mal de altura, seguir las recomendaciones indicadas.  
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