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    Australia, el país que nunca te acabas

    Australia suena a desierto, a naturaleza salvaje, a tribus indígenas, a canguros y koalas, a bichos peligrosos, a buen nivel de vida, al primer sitio que celebra la entrada al nuevo año. Pero lo cierto es que Australia es difícil de resumir, es inabarcable describirla, viajarla, entenderla. Es un sitio al que volverías y siempre descubrirías algo nuevo.

     

    Llegamos a la tierra de los canguros por todo lo alto: el día 26 de enero, día nacional de Australia, en el que en cada rincón se celebra una barbacoa. Veníamos directos desde Bali, la isla estrella de Indonesia dispone de muchos vuelos directos al continente vecino. En nuestro caso volamos con Jet Star, compañía low cost. 

     

    Llegada accidentada

     

    Al poco de estar en el país, nos encontramos con un contratiempo inesperado. Mireia tenía mucha fiebre y resultó que había pillado dengue. ¡Souvenir de Indonesia! Quizás lo más sensato hubiera sido quedarnos quietos y tranquilos unos días mientras se recuperaba, pero lo cierto es que la adrenalina y las ganas de explorar el continente oceánico fueron más fuertes que el virus infundido por un mosquito. ¡Nada podía con ella! Así que empezamos el viaje despacio y parando en los hospitales necesarios para hacer el check, la buena noticia es que estábamos en un país con muy buena asistencia médica y que siempre viajamos con un buen seguro médico. ¡Cosas de vivir viajando, show must go on!

     

    Sydney fue nuestra primera parada. Justo al llegar a la principal ciudad del país (que no la capital, que es Canberra), compramos una SIM de la compañía Optus para estar bien conectados. Nos instalamos en Bondi Beach donde nuestro amigo Alex nos esperaba con los brazos abiertos. Descubrimos que era el barrio más cool de la ciudad y, seguramente, el más healthy del mundo. Nos reímos mucho porque parecía que estuviéramos en la película de Gataka: todo el mundo rubio, de ojos azules, con sixpack definidos, la gente parecía estar muy atenta a cómo mantenerse sana, jogging a tope, surf, yoga…  Ah, y está terminantemente prohibido fumar en la calle (claro que a 20€ el paquete, pocos son los que fuman). Paseamos por el centro, visitamos el centro financiero y, cómo no, la Opera House, que nos dejó maravillados con su arquitectura expresionista que recuerda a una concha de mar. Hicimos el sunset desde un velero gracias a nuestra amiga Vicky que era parte de la tripulación. Fue una gozada disfrutar del famoso skyline de la ciudad con una puesta de sol desde el mar. El viaje empezaba ¡inolvidable!

     

    Jinetes en la carretera

     

    Australia es inmensa, es el sexto país más grande del mundo (fact: dentro cabría toda Europa exceptuando Rusia), así que una de las mejores formas de explorarla bien es haciendo un road trip en coche o furgoneta. Nosotros alquilamos una van un tanto peculiar (no te pierdas las fotos) con la empresa de alquiler de furgos más chunga del mundo mundial: Wicked Campers. Estuvimos rockanrolleando, conduciendo y viviendo en la furgoneta durante un mes. Sí, éramos jóvenes y nos iba la vida todoterreno. 

     

    Al poco de lanzarnos a la carretera tomamos consciencia de las enormes dimensiones del país y de su gran contraste, dejamos atrás la ciudad cool y nos adentramos en vastos paisajes sin nadie. ¡Pero nadie! Parecía un país vacío. Se hacía realidad que es el segundo país con menor densidad de población del mundo (solo por detrás de Namibia). Eso sí, empezamos a ver canguros por doquier, muchos de ellos tristemente muertos en la carretera. Se cree que la población de estos mamíferos marsupiales es de unos 40-60 millones, es decir, tres veces más que la población humana. Así pues, los verdaderos habitantes de Australia son los canguros.

     

    Recorrer el país en furgoneta nos dio una gran sensación de libertad, a la vez que ir apreciando poco a poco los cambios en el paisaje, en las personas, en la atmósfera. También empezamos a sentir algo que no habíamos experimentado nunca: la sensación de estar muy lejos del mundo, como si estuviéramos en un rincón en las antípodas del mapa. Como si el país de los canguros estuviera donde acaba el mundo. Quizás es algo que los europeos llevamos de serie, estamos acostumbrados a que en nada nos plantamos en otro país, en otra realidad. La sensación era como si Australia fuera la única pista de la cara B del mundo. Y ya sabemos que en la cara B de los cassettes es donde se encuentran las mejores perlas… 

     

    Ruta por la costa este

     

    Nuestra ruta fue hacia el norte de Sydney, por la costa este, y la primera parada de este road trip rockero fue Kempsey. Nos encontramos una carretera totalmente vacía y cada muchos kilómetros macrotiendas de fishing, boating, camping y restaurantes fast food como el Hungry Jacks (es como se llama el Burguer King allí), al más puro estilo del juego SIMS. Nos sorprendió ver a la gente muy diferente, con un estilo de vida opuesto al de la ciudad y su rollo healthy, con un altísimo nivel de obesidad llegando al 50% de la población total del país. 

     

    Seguimos hacia Byron Bay, que nos transportó a la zona de Sausalito (norte de San Francisco). Disfrutamos mucho de la parada gracias al buen surf, la playa y gente de lo más pintoresca, con pura esencia hippie. 

     

    Llegamos a la Gold Coast, concretamente Burleigh Heads, donde nos encontramos de nuevo con una atmósfera de lo más healthy, esta vez incluyendo mujeres haciendo running ¡con su bebé en el cochecito! Esta zona también es conocida por ser el paraíso de los surfers. Suena bien, ¿verdad? Pues para nosotros nos resultó de lo más parecido a Benidorm, con todos nuestros respetos hacia Benidorm :p

     

    Ya en Brisbane, la ciudad de los canales, conocimos a un hombre que nos acercó a una realidad del país muy presente a la par que triste. Este hombre dedicaba su vida a participar en concursos y se sustentaba con lo que ganaba, ya fuera en producto o dinero. Y es que la verdad es que hay muchas personas en Australia adictas a los juegos, concursos y máquinas tragaperras.

     

    En la Sunshine Coast fuimos al Noosa National Park, en el que los koalas son los principales protagonistas. Disfrutamos un montón viendo estos animales endémicos que duermen 16 horas al día y comen solamente eucalipto porque es tóxico y ningún otro animal lo quiere comer. 

     

    Whitsundays, en las puertas de la Gran Barrera de Coral, es conocido por tener las playas más bonitas del mundo. Y sin duda estamos totalmente de acuerdo. Allí hicimos una salida en lancha, snorkeling con tortugas y disfrutamos de una naturaleza espectacular. Es un sitio que quedó grabado en nuestra memoria como refugio mental y al que es una delicia transportarse una vez y otra. 

     

    De vuelta, visitamos Mon Repos, una reserva de tortugas donde las madres van a poner los huevos. Cuando los bebés tortuga nacen, les gusta la luz y van directos al mar. Se dice que, décadas después, vuelven a la misma playa que les vio nacer. 

     

    Algo que nos flipó de Australia, y en especial de la costa este, es la convivencia de la especie humana con todas las especies animales: canguros, koalas, dingos, cocodrilos, pingüinos… Y también con las peligrosas: serpientes, arañas… En la playa hay carteles por todos lados alertando de la presencia de tiburones o medusas (sobre todo de la Box Jellyfish, que es el animal más venenoso del mundo). La verdad es que entre los peligros de la fauna marina y las corrientes, las playas no invitan mucho al baño, pese a su espectacular belleza. 

     

    Cambio de ruta: del centro a Melbourne

     

    Volvimos a Brisbane y cogimos un vuelo a Alice Springs, en el centro del país, donde iniciamos nuestro segundo road trip, de nuevo, con una furgo de Wicked Campers. En Alice Springs quedamos muy sorprendidos al ver los aborígenes. No solo porque físicamente eran radicalmente opuestos a los australianos que habíamos visto hasta el momento, también porque la gran mayoría parecían ir bebidos y estar medio tirados por la calle. Por primera vez vimos la realidad de como la comunidad aborigen australiana había quedado muy tocada después del genocidio sufrido. 

     

    Al dejar atrás la ciudad y empezar a hacer carretera, nos dimos cuenta de dos cosas. La primera, que el día era extremadamente caluroso, y la segunda que la gran cantidad de moscas se hacía del todo insoportable. Tanto que la gente iba protegida con unos gorros con red para evitar las moscas, ¡que nosotros no teníamos! Eso sí, por la noche fuimos testigos del cielo más espectacular que hemos visto nunca, llenísimo de estrellas. 

     

    De ahí hicimos ruta hacia Kings Canyon, Uluru, también conocido como Red Centre. Fue espectacular disfrutar de esa roca en medio de la nada. Lo que no fue tan espectacular (pero sin duda algo que no olvidaremos jamás ^^’) fue lo que nos pasó después al seguir con la ruta. La furgoneta empezó a darnos problemas hasta dejarnos tirados en medio de la nada en estas condiciones: sin gasolina extra, con poco agua, poca comida y sin cobertura en el móvil. No nos quedó otra que armarnos de paciencia y esperar a que pasase alguien y nos echara un cable. Al cabo de unas horas (que se hicieron larguísimas), apareció un coche conducido por un hombre de look muy auténtico: piel curtida, pelo largo y gorra. Nos ayudó a solucionar el problema de la furgo, que venía de la calidad de la gasolina que nos habían puesto en nuestra última reposición. Se ve que al ser una zona tan poco transitada hasta la gasolina se pone en mal estado.

     

    La recta final del road trip fue la guinda del pastel: recorrimos la Great Ocean Road, sin duda es una de las carreteras más impresionantes del mundo, hasta llegar a Melbourne. Una ciudad que nos encantó y con la que conectamos enseguida, especialmente el barrio de St. Kilda, que nos recordó en muchas cosas a nuestra querida Barcelona. 

     

    La última parada del viaje fue en Canberra, la capital del país, que nos dejó un poco desencantados después de la vibrante Melbourne. Visitamos el Parlamento de Australia, pero más allá de eso no le encontramos mucho atractivo, como si la ciudad tuviera poca alma. De ahí volvimos a Sydney, para salir del país hacia el próximo destino: Nueva Zelanda.   

     

    Australia musts

     

    • Fauna salvaje y conducción: Mejor no conducir a primera y última hora del día, es muy habitual encontrarte a canguros y otros animales salvajes cruzando de repente. 
    • Previsión: Llevar siempre gasolina de repuesto, algo de comer y beber en el coche, el país es tan inmenso que puedes hacer un montón de kilómetros sin encontrar absolutamente nada, ningún sitio donde abastecerse. Damos fe de ello ^^’
    • Precaución: Dejarte fascinar a la vez que sentir respeto por la naturaleza. Los animales son los auténticos habitantes del país, así que no está de más ir con precaución y mirar bien en busca de bichejos cuando te metas en el agua, uses un baño público en medio de la carretera (por cierto, siempre impecables y bien abastecidos de papel) o decidas acampar en medio de la nada. 

     

    Australia en 5 sentidos 

     

    • Vista: El color deep blue y el coral reef del Great Barrier Reef.
    • Olor: Eucalipto, es el árbol más típico de Australia.
    • Sabor: Vegemite odiado y querido a partes iguales, Meat pies, carne de canguro o carne de cocodrilo. 
    • Tacto: El dinero australiano y su acabado plastificado muy único.
    • Oído: G’day mate! Frase que oyes mil veces cada día, típica aussie.

     

    Australia essentials

     

    • País: Australia.
    • Idioma: Inglés.
    • Moneda: Dólar Australiano.
    • Cuándo ir: Desde Septiembre hasta Febrero estaciones calurosas, desde Marzo a Agosto estaciones frías.
    • A tener en cuenta: se conduce por la izquierda. 
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