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de familias curiosas.

Nos gusta compartir todo lo que aprendemos para inspirar a otras familias que como nosotros quieren aprender y evolucionar.

    Bali calling

    Bali nos llamaba. Estábamos en nuestros trabajos, y Bali nos llamaba. Estábamos planteando cómo educar a un niño en este mundo, y Bali nos llamaba. Íbamos con el piloto automático de un lado para otro, y Bali nos llamaba. Teníamos un día de estrés, y Bali nos llamaba. Pasábamos un fin de semana en la naturaleza, y Bali nos llamaba. Si te suena esta historia, sigue leyendo. 

     

    Teníamos una buena vida en Barcelona con todos los checks marcados: trabajos, vivienda, familia, vacaciones, amigos, salud, ocio. Pero aún así nos faltaba algo. Queríamos experimentar un estilo de vida alternativo y la inercia de la vida en Europa parecía moverse justo en el sentido opuesto. 

     

    La vida va de cumplir sueños

     

    Viajamos un montón los dos juntos y por separado. Convertimos nuestra luna de miel en una vuelta al mundo de un año. Ese descubrir, ese aprender, esas ganas de ponernos a prueba, de salir de la zona de confort, esa sensación cuando llegas a un lugar desconocido y lo observas todo con inocencia, fascinación y curiosidad, nos tenían bien calados. 

     

    Habíamos visitado la isla de los dioses en múltiples ocasiones y ahí empezó a fraguarse algo. ¿Cómo sería vivir en Bali? ¿Qué implicaba vivir allí? ¿Quizás habíamos idealizado la isla? ¿Estábamos en pleno ataque de FOMO (Fear Of Missing Out)? ¿Qué era eso de dejarlo todo atrás e irse? Había muchas preguntas, pero lo cierto es que teníamos la respuesta. Nosotros soñábamos con una vida en Bali. Y nosotros somos de cumplir sueños. 

    Fuimos de vacaciones y nos quedamos a vivir

     

    El click vino cuando tuvimos a nuestro primer hijo, Kai. Nos dimos cuenta que queríamos estar a su lado mientras crecía, que se nos rompía el corazón solo de pensar en perdernos un momento de sus primeros pasos en la vida. Pero, a la vez, ninguno de los dos queríamos renunciar a nuestras carreras profesionales, a nuestros hobbies, a la vida de pareja, a las aventuras. ¿Cómo hacer todo eso posible? ¿Cómo conseguir un equilibrio entre todas las facetas que nos llenaban de vida? No teníamos ni idea de cómo hacerlo, pero tomamos una decisión: vamos a probar. 

     

    Ya habíamos cometido esa locura de dejarlo todo e irnos una vez, cuando dimos la vuelta al mundo. Alquilamos la casa, vendimos la mayoría de nuestras cosas y nos quedamos con lo imprescindible.

     

    Pero la verdad es que al volver del gran viaje se nos hizo muy duro establecernos de nuevo en Barcelona y poner en marcha todo lo que habíamos empaquetado o dejado atrás un año antes. Así que cuando finalmente decidimos ir a vivir a Bali, hicimos el paso de una forma diferente. Quizás el hecho de haber sido padres nos había vuelto un poco más prudentes. Construimos un plan ‘por si acaso’, que consistía en dejar nuestra vida en standby en España por cuatro meses y probar cómo nos sentíamos en Bali. En ‘standby’ significaba que dejamos el coche y la moto aparcados en el garaje, dejamos la guardería del peque pagada para guardar la plaza y cerramos nuestro piso con todas las cosas dentro. Nos fuimos tranquilos de Barcelona pensando que si la aventura de Bali no salía bien, podríamos retomar nuestra vida donde la habíamos dejado. 

     

    Llegamos a Bali en febrero de 2018 y al poco de tener una vida aquí ya vimos que la decisión de vivir en Bali había sido acertadísima. Así que al cabo de cuatro meses, volvimos a Barcelona, repartimos abrazos y despedidas un poco más definitivos, y desmontamos nuestra vida allí para, entonces sí, construirla del todo en Bali, nuestro nuevo hogar. 

    Cómo es un día de nuestra vida aquí

     

    Desde entonces, el lifestyle que hemos conseguido aquí nos tiene totalmente enganchados. La isla tiene cantidad de atracciones turísticas y ofertas culturales y de ocio, pero lo que la hace realmente especial para nosotros es cómo se vive. Aquí una muestra.

     

    Una mañana en Bali empieza temprano, con la luz naranja del amanecer inundando todos los rincones de la casa (las persianas son un invento europeo ;p). La naturaleza explota y los sonidos de pájaros, gallos y las ramas de los árboles meciéndose se cuelan por todas partes. La primera hora es un momento en familia: es rato de mimos, juegos y de prepararse con alegría y sin prisas para afrontar un día vivido desde la plenitud. Una vez Kai y Koa han empezado su jornada de aprendizajes, llega el momento para cada uno. Chema coge la tabla de surf y en menos de 10 minutos ya está metido en el agua esperando la ola perfecta. Mireia dedica este rato por la mañana al selfcare: sea yoga, meditación, gym o cualquier práctica que le siente bien al cuerpo y la mente. Sin niños en casa y aún buena parte del día por delante, empieza la jornada laboral. Lo bueno de ser nómada digital es poder organizarse las horas de trabajo, y poder hacerlo desde una cafetería, un beach club tranquilo o desde el despacho de casa. Las horas de las comidas van con el ritmo del país, así que nada que ver con los horarios tardones españoles. Comemos ligero, sano y natural a las 12-13 y a seguir con el trabajo. Después del cole, siempre que sea posible, una cita imperdible es la puesta de sol. A 10 minutos de casa somos testigos cada tarde de un espectáculo distinto del sol poniéndose en el mar. A esto le sigue tiempo de calidad en familia de nuevo, hora de baño y cena. Antes de acostar a los peques hacemos balance de lo que nos ha traído el día y damos gracias por lo aprendido y vivido. Con los niños dormidos la jornada laboral sigue, combinada con momentos de vida de pareja sumamente preciados. La verdad es que levantarse a las seis hace que el día cunda, ¡y mucho! Tenemos una rutina, obviamente, pero cada día es único y hacemos que valga la pena. Eso que cada día se parezca al anterior y al siguiente ya no nos vale. Llámanos inconformistas… 

     

    La vida en el centro

    Este sueño de lifestyle que hemos conseguido aquí tiene la vida en el centro. Obviamente hay obligaciones, rutina y a veces hay que hacer cosas que no nos gustan, pero hemos conseguido un estilo de vida basado en nuestras prioridades reales. Hay gente que nos llama Balientes (sí, con B, descubre aquí porqué), pero la verdad es que nosotros no somos especiales, ni tenemos superpoderes, simplemente hemos buscado una forma de vivir coherente con lo que queríamos. Lo que teníamos nos gustaba, pero no queríamos

    conformarnos con eso y decidimos probar otra cosa. De eso va poner la vida en el centro. Tener claro lo que quieres y poner los medios para conseguirlo. Con todos los miedos, inseguridades y salir de la zona de confort que eso implica. Pero sin frenos ni quejas. No hay ninguna razón para no seguir lo que te dice el corazón. 

     

    “There is no reason to not to follow your heart” Steve Jobs

     

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