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    Aprendizajes de vivir confinados en Bali

    Hace unos meses, nuestra amiga Anna Alfaro nos escribió para ofrecernos contar nuestra historia en su nuevo proyecto online: Stories at Home. Una web que pretende explicar e inspirar cómo la gente vive el confinamiento en casa debido a la crisis sanitaria provocada por la pandemia de la Covid-19. El proyecto nos pareció muy chulo y motivador. El hecho de permitir a las personas abrirse desde la intimidad de sus hogares y convertir en más humana una situación extrema, nos pareció muy interesante y necesario. Así que aceptamos encantados el reto de participar.

    Puedes leer la entrevista completa aquí.

    Nuestra receta del éxito no tiene mucho misterio ni es única. Es la misma que muchas familias utilizaron en las semanas de confinamiento: mucha paciencia, aceptación, actividad y mentalidad positiva. La diferencia: nosotros lo vivimos desde Bali.

    ¿Quiénes éramos nosotros para contar nada? 

    ¿Cómo crear una noticia sobre nuestra rutina? ¿Cómo explicar de una forma interesante (y ordenada, para que se entendiera) lo que hacíamos en casa? ¿Cómo contar algo que para nosotros no era nada extraordinario, sino que formaba parte de nuestro día a día? La verdad es que no nos fue fácil desgranar cómo era nuestra vida confinados en Bali, ya que fue una situación que nosotros rápidamente aceptamos como normal, the new normal. A Anna siempre le ha interesado nuestra historia de familia que vive en Bali y aún estaba más entusiasmada si podíamos explicar nuestro punto de vista en esta situación excepcional. Para nosotros, contarlo fue toda una aventura y una revelación de aprendizajes. 

     

    En primer lugar dimos voz a cada uno de los miembros de Villa Chereia: 

    • Chema, padre de familia y cocinero oficial
    • Mireia, madre de familia y encargada del orden 24/7
    • Kai, nuestro hijo de 3 años y constructor de casas hechas con cojines
    • Koa, nuestro hijo de 10 meses, explorador oficial de suelos en busca de comida

     

    El foco en las prioridades y valores

    Cuando vives lejos de casa y tienes hijos, echas especialmente a faltar el círculo de apoyo y cuidados de familia y amigos. Y esta sensación durante el confinamiento se agravó, pero aún así conseguimos sortear un confinamiento muy llevadero, gracias a que en Bali la situación no era muy severa ni las restricciones eran muy estrictas. Kai y Koa estuvieron sin cole, pero entre los dos pudimos manejar la combinación de trabajos con la vida en familia 24/7. 

     

    Algo que hemos aprendido en la isla de los dioses y que nos ayudó mucho a llevar la situación, fue tener claras las prioridades y los valores que rigen nuestra vida. Así que en todo momento nos sentimos muy agradecidos por estar sanos y fuertes, tanto nosotros como nuestras familias en Barcelona, Alicante, Salamanca y Donosti. También el hecho de estar en Bali, que está siendo como un pequeño oasis en esta pandemia, así como poder disfrutar de las fantásticas condiciones que una vida aquí nos proporciona: una bonita casa con jardín y piscina, rodeados de naturaleza (campos de arroz y playa), buena temperatura y una sociedad muy tranquila y positiva. También nos tomamos la ocasión para parar un poco (aunque vivamos en el trópico no siempre vamos a ritmo tropical) y disfrutar de tiempo de calidad los 4 juntos. 

     

    Un día a día movido

    Llenamos el día de actividades para los niños y para nosotros, tanto de juegos, ejercicio, trabajo como descanso. Cada día transcurría más o menos igual, puedes leer la historia completa en la web de Stories at Home, pero los highlights eran los paseos en bici, skate o carrito, los momentos de creatividad y locura y las siestas de los peques que nos daban a todos un poco de respiro. También tuvimos muy en cuenta no frustrarnos ni ser muy exigentes, ni con nosotros mismos ni con los otros. Si algo salía diferente a lo que esperábamos, bajábamos expectativas, respirábamos hondo y aceptábamos lo que había, porque nadie dijo que esta situación iba a ser fácil.

     

    Ya que los dos somos físicamente muy activos (Chema es devoto diario del surf y Mireia del yoga), hicimos una inmersión al mundo de los deportes online. Así que cada día intentábamos hacer algún IGTV o Youtube de workout, yoga o meditación. La verdad es que el deporte en familia nos dio algunos momentos muy divertidos, a los peques les encantaba vernos sudar la camiseta. 

     

    Cuidarse por fuera y por dentro

    Hubo dos actividades clave para llevar las semanas confinados con solera y (en general) buena actitud. Por una parte, las actividades de introspección y desarrollo personal, como la meditación, el yoga, lecturas inspiradoras, journaling (reflexionar por escrito sobre el día) o los agradecimientos por la noche con Kai y Koa antes de meterlos en la cama. Estos simples actos de poner en valor lo que el día había dado de sí, a la vez que estar presentes, fueron oro (y lo siguen siendo). Por otra parte, fue clave el contacto continuo con nuestros familiares y amigos en todas las partes del mundo para saber que estaban bien, estar conectados y compartir momentos a través de la pantalla. La verdad es que en todos los años que llevamos viviendo en Bali nunca habíamos estado tan conectados con ellos. Siempre hacemos la broma que hizo falta un confinamiento para que nos hicieran un huequito en sus apretadas agendas y conseguir hablar virtualmente con ellos cada semana. 

     

    También estamos muy orgullosos de la organización y las dinámicas que conseguimos construir para que todo funcionara bien en casa y todos nos sintiéramos plenos y satisfechos. Por ejemplo, hicimos turnos de trabajo para conseguir tiempo de calidad y poder dedicar la energía necesaria para seguir con nuestras obligaciones, tanto las de Chema como las de Mireia. Lo cierto es que los dos somos nómadas digitales, así que el trabajo en remoto y la tecnología ya eran parte de nuestra rutina laboral. Incorporar esos turnos fue clave para mantener el equilibrio y llevar a cabo nuestras labores profesionales de forma productiva. 

    Decidir cómo vivir una situación difícil

    El confinamiento obligó al mundo a volver a la esencia de todo y nosotros nos dimos cuenta de que nuestro estilo de vida en Bali está muy alineado con nuestra esencia. Ante una situación tan nueva y tan incierta es importante elegir bien cómo vivirla. Y nosotros elegimos vivir este momento como una oportunidad, de estar con nosotros mismos, en familia y disfrutar de ello. Nuestro sentimiento era en todo momento de tranquilidad, de aceptación, de búsqueda de la parte positiva y de cómo todo esto nos podría ayudar a ser mejores personas. Intentando alejar el miedo, el pánico, la queja, la crítica. 

     

    Lo que se nos hizo más duro fue que durante semanas no hubiera posibilidad de ir a Barcelona de vuelta y el sentimiento de estar atrapados y lejos de los seres queridos que eso nos aportó. También no poder ir al mar, ya que las playas estaban cerradas. Ni poder relacionarnos con nuestro entorno aquí, incluidos los peques. Especialmente Kai añoró muchísimo a sus amigos y profesoras. 

     

    Pero a pesar de eso, nosotros hicimos muchos aprendizajes individuales y de familia en esas semanas extrañas encerrados en casa, y ¡creemos que el mundo también! Tenemos fe en que la crisis del Coronavirus cambiará las cosas hacia lo positivo. El parón mundial ha sido una lección de humildad para la humanidad. Nos hemos dado cuenta de lo vulnerables que somos, de que ante algo grande somos todos iguales, de qué es importante y que no.

    Y sí estamos convencidos de que seremos personas más conscientes, más solidarias, más respetuosas con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza. Ojalá esto sea el principio de una gran etapa. 

     

    Recuerda, la entrevista completa, aquí. 

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